Tratado de Lircay (1814)

El virrey de Perú, Fernando Abascal, había aceptado el ofrecimiento del comodoro inglés Hillyar para que éste actuara de mediador en la guerra en Chile, entre los patriotas y los partidarios del rey.

Para ello, el virrey entregó a Hillyar, el 11 de enero de 1814, unas bases que constaban de 12 puntos, para el caso que entrase en negociaciones e informó a Gabino Gaínza, quien estaba al mando de las fuerzas realistas en Chile, sobre esta gestión. Este último también estaba autorizado para proponer a “los insurgentes” tratados de paz.

Por parte de los patriotas, el encargo de revisar las proposiciones ofrecidas por el virrey recayó en el Director Supremo Francisco de la Lastra de la Sotta. Este solicitó al brigadier Juan Mackenna una información militar completa de la situación de ambos ejércitos contendientes, lo que se realizó el 8 de abril de 1814 en Quechereguas.

Siendo la situación poco favorable a los patriotas, De la Lastra invitó a Hillyar a trasladarse a Santiago y éste dio a conocer las bases propuestas por Abascal el 16 de abril. Fueron rechazadas por el gobierno de Chile, pero Hillyar no quiso dar por terminada su misión, sino que trató de proseguirlas con nuevas bases. Se reunió el Congreso y el 19 de abril se acordaban las bases que debían proponerse a Gaínza. Fue casi todo obra de Antonio José de Irisarri, intendente de Santiago. Se trataba ante todo, de lograr el retiro de las fuerzas realistas, o sea la obtención de una tregua, y para ello se proponía que el gobierno chileno seguiría investido de las facultades existentes aunque reconocía la monarquía española y ser Chile parte de ella, a la vez que reconocía también la soberanía de Fernando VII.

Se creyó en la imposibilidad de que Gaínza aceptara tales términos de autogobierno. Se encargó al brigadier Bernardo O’Higgins para que verbalmente informara al jefe realista. Se trabajó para que Hillyar presionara a Gaínza a la vez que O’Higgins situaba a 2.300 soldados a tres leguas de Talca. Gaínza quedaba en difícil situación: o firmaba lo propuesto, o se retiraba a Talca y disolvía su ejército pues carecía de medios para transportarlo.

Gaínza deseaba conocer a O’Higgins y se acordó una reunión preliminar, que se efectuó el 1 de mayo en un rancho a orillas del río Lircay. Estuvo presente Hillyar y se llegó a un amistoso acuerdo, dejando para el día 3 la celebración de la segunda reunión. En esta fecha se congregaron de nuevo, y estuvieron presentes Gabino Gaínza, como jefe del ejército realista, el auditor de guerra Rodríguez Aldea y el capitán José Matías Tirapegui, todos ellos por el lado realista, y por el lado patriota asistieron, Bernardo O’Higgins y Juan Mackenna, recién ascendidos a generales, y el doctor Jaime Zudáñez. Como mediadores entre ambos asistieron Mr. James Hillyar y el intérprete Juan Diego Bernard. La discusión se empezó a las 10 de la mañana y se firmó el acuerdo antes de las 11 de la noche.

El tratado llamado de Lircay, constaba de 16 artículos, en los que se estipulaba lo siguiente: Reconocimiento de la soberanía de Fernando VII y de la autoridad de la regencia; se enviarían diputados “para sancionar en las cortes la constitución que éstas han formado, después que las mismas cortes oigan sus representaciones”, manteniéndose mientras tanto el gobierno interior con todo su poder y facultades, inclusive el comercio libre con las naciones aliadas y neutrales (Art. 1°); el ejército realista debía evacuar la ciudad de Talca en el plazo de 30 horas y toda la provincia de Concepción en el plazo de un mes, a contar de la fecha en que el convenio fuera ratificado por el gobierno chileno (Art. 2°); se restablecían las comunicaciones comerciales con el resto de la monarquía (Art. 4°). El Senado aprobó el tratado el día 5, con la sola modificación del artículo 11°, para que Bernardo O’Higgins permaneciera en el país, en vez de presentarse en Perú en calidad de rehén como decía el artículo.

Este tratado no fue respetado, siendo el primero en no acatarlo el propio Gaínza, quien se arrepintió de haberlo firmado, pues creyó ver en él las condiciones de paz fijadas por el vencedor. Dentro del campo patriota también se notó la resistencia y el primer estallido fue al ordenarse la sustitución de la bandera chilena por la antigua bandera española. Gaínza tampoco abandonó Chillán y decidió reasumir el gobierno de la provincia de Concepción hasta el río Maule, haciendo caso omiso del tratado.

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