Los Changos

En el siglo XVI, fueron descritos como bárbaros por la simpleza material de su cultura. No obstante, desarrollaron numerosas técnicas de pesca usadas actualmente. Durante 10.000 años, y como dueños absolutos de una considerable extensión de mar, los changos y sus ancestros poblaron el litoral Pacífico sudamericano, entre la costa sur de Perú y gran parte del norte de Chile. Poco apreciados en nuestra historiografía, los changos o camanchacas son los últimos exponentes de recolectores, pescadores y cazadores, que, al parecer, no solo conformaron un grupo étnico, sino varios, todos especializados en la explotación de los recursos del mar.

Su apelativo de changos comenzó a propagarse en el siglo XVII, con una connotación más bien despectiva, a juicio de algunos antropólogos. La fabulosa conquista del mar por parte de los pueblos originarios de la costa del país se logró paulatinamente, gracias a un sólido desarrollo tecnológico. Esto les permitió acceder progresivamente a mayores fracciones de mar y a recursos marinos más abundantes y variados.

Este desarrollo se dio por etapas. Entre los años 8000 a.C. y 6000 a.C., los ancestros de los changos tuvieron acceso a peces de la zona intermareal mediante redes y chopes. Entre 6000 a.C. y 200 d.C., fueron capaces de obtener recursos marinos de las profundidades, a través del anzuelo, sedal o cuerda. Y desde 200 d.C. en adelante, accedieron a recursos provenientes de mar adentro con el uso de magníficas embarcaciones.

La embarcación más innovadora usada por los changos fue la balsa de cuero de lobo, que sirvió para la pesca y caza de grandes cetáceos. El ejemplar más antiguo data de entre 400 y 700 d.C., y debe haberse inventado entre Tocopilla y Taltal, donde, a falta de madera y totora, el lobo de mar proporcionaba un excelente material de reemplazo. Constituyó un aporte original de los pescadores nortinos a la historia de la construcción naval.

Estos logros tecnológicos fueron alcanzados en los últimos 10.000 años, por unas 300 generaciones de Recolectores marinos, Pescadores tempranos y Pescadores tardíos, y fueron acumulativos, de modo que mejoraron significativamente sus condiciones de vida.

A fines del período prehispánico, lugares tan conocidos como Cobija, Arica y Pisagua constituían zonas de encuentro multicultural entre comunidades del litoral y bandas de cazadores que bajaban desde las tierras altas. Los contactos comenzaron hace unos 9.000 años, cuando los recolectores marítimos compartían los mismos espacios y recursos con aquellas.

Las comunidades marítimas iban y venían entre la costa, los valles y las quebradas del Norte Grande, impulsando la interacción con los pueblos agro-ganaderos del interior. El contacto facilitó el intercambio de productos y el comercio de bienes manufacturados por los pueblos del interior, como vasijas de cerámica o textiles. Eran objetos de valor que formaban parte del ajuar funerario de los pescadores.

Los antiguos pescadores del norte tenían la curiosa costumbre de tallar piedras en forma de hoja. No se ha descubierto el valor simbólico que tenía esta actividad para los changos, pudiendo, incluso, no tenerla, pues carecen de huellas de uso. Lo cierto es que evidencian un laborioso y delicado trabajo de tallado y empleo de técnicas muy refinadas.

 

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