Los 2 mil kilómetros de navegación del rompehielos de Greenpeace por aguas de la Patagonia chilena

Tres meses estuvo recorriendo los mares de la Antártica el rompehielos Arctic Sunrise de Greenpeace, el mismo buque de 949 toneladas y que, de manera contradictoria, alguna vez sirvió como embarcación pesquera de focas hasta que, en 1995, Greenpeace, usando como pantalla una compañía especialmente creada para realizar la compra, pudo adquirir la nave de casi 50 metros de largo para destinarla ahora a la protección de los mares.

Tras finalizar su recorrido antártico, donde la tarea del barco fue promocionar la creación del santuario marino más grande del mundo en el Mar de Wedell -para proteger la zona de la pesca industrial del krill, base alimenticia de la mayoría de las especies en la zona-, la embarcación puso rumbo hacia las aguas de la Patagonia chilena.

Acá, el Arctic Sunrise se puso al frente de una nueva campaña internacional de la ONG: una que busca alertar respecto de las amenazas que, de acuerdo con la agrupación ambientalista, implica el intento de avance de la industria del salmón en las aguas de la Patagonia, un espacio único por su belleza y riqueza de biodiversidad.

De acuerdo con Greenpeace, la salmonicultura –la segunda actividad exportadora del país, con montos transados que rondan los 5.000 millones de dólares- está ejerciendo presión después del colapso medioambiental que la actividad ha generado en amplias zonas de la Región de Los Lagos, el área en donde la actividad dio sus primeros pasos por allá en la década del 80 con la introducción de una especie que es exótica en aguas chilenas.

“El problema es que el cultivo intensivo de salmones prontamente hizo degradar los mares ahí donde se instalaron en un comienzo las salmoneras. Fondos marinos muertos fueron la consecuencia de miles de peces hacinados, uso intensivo de antibióticos, heces, plástico y otros insumos utilizados por la industria en su proceso productivo”, dice Estefanía González, coordinadora de océanos de Greenpeace en Chile.

Es por esta degradación de los mares que las empresas se han empeñado en alcanzar nuevos puntos geográficos para poder desarrollar su actividad. Y así es que han bajado por la geografía de Chile. Ahora, el intento es instalarse en las prístinas aguas de la Patagonia. Acá, las empresas han prometido que nacerá el “salmón premium”, una especie que no se parecerá en nada al de sus a maltraer parientes que salen de las contaminadas y hacinadas aguas del norte. Será un salmón producido al lado de fiordos, senos y glaciares milenarios que, hasta ahora, estaban vírgenes.

“Existe una creciente atención internacional por lo que está sucediendo en los mares de la Patagonia chilena. Sabemos que la industria del salmón quiere expandir sus operaciones en esta zona y así lo hemos comprobado estos días al ver instalaciones salmoneras dentro de parque nacionales. Es una situación muy preocupante”, dijo desde la embarcación Amanda Starbuck, directora de campañas de Greenpeace Andino.

La travesía del Arctic Sunrise comenzó el fin de semana del 13 y 14 de abril, cuando el barco fue abierto para la comunidad en Punta Arenas. Más de 2.000 personas llegaron a conocer y compartir con la tripulación.

El zarpe del rompehielos, en la noche del 14, lo internó rápidamente por la escenografía de los mares patagónicos. Durante la primera semana de navegación las actividades se concentraron en documentar e investigar las aguas de Magallanes. En Paso Froward, el punto más austral del continente, el biólogo marino y oceanógrafo Ernesto Molina comenzó su trabajo de análisis del “estado de salud” de las aguas de la Patagonia.

Así, el científico bajó un CTDO, photometro y un flurómetro, los cuales buscan recoger datos de salinidad, temperatura y calidad de luz de las aguas. Estas primeras mediciones se realizaron en los alrededores de un centro salmonero perteneciente a la empresa Nova Austral.

La instalación, emplazada en el Parque Nacional Alberto de Agostini -hogar de delfines, ballenas y 49 especies de aves- estaba siendo sometida a labores de mantención para traer nuevas jaulas y hacer nuevamente operativo el centro. Todo, pese a que una resolución de la Contraloría General de la República del 2013 que señaló de manera clara la prohibición de funcionamiento de salmoneras en el borde e interior de parques nacionales.

En el marco del Ship Tour 2018 del barco Arctic Sunrise realizado en Chile en apoyo a la campaña para proteger los mares patagónicos de la expansión de la salmonicultura. Activistas de Greenpeace hacen un llamado a proteger a la fauna marina patagónica frente a los impactos que la salmonicultura tiene sobre su hábitat.

El siguiente punto de detención del Arctic Sunrise fue en el golfo Xaultegua, donde el oceanógrafo volvió a recolectar datos junto a las instalaciones de una salmonera de la empresa Australis.

Para los salmoneros de la Patagonia, sin embargo, la preocupación de Greenpeace tiene algunos matices y lo resumen en dos cuestiones con los que quieren diferenciar lo que ha sucedido en la zona de Los Lagos respecto de lo que será la industria en la Patagonia: que el uso de antibióticos en Magallanes será notoriamente más bajo y que la situación de centros salmoneros sin oxígeno en la zona se debe a una condición “propia” de las aguas de la Patagonia y no a una influencia directa de las operaciones salmoneras.

“No me atrevería a hacer ninguna de esas dos afirmaciones”, señaló Ernesto Molina.

Tampoco piensa lo mismo la Asociación Interamericana para la Defensa del Ambiente (AIDA) quienes en un reciente estudio (link) han expuesto que más de la mitad de las granjas salmoneras en la Patagonia han generado falta total o parcial de oxígeno en las aguas.

¿Pero por qué el empeño de Greenpeace por denunciar la instalación salmonera en esta área? Lo explica Amanda Starbuck, directora de campañas de Greenpeace Andino: “Los mares de la Patagonia, por su interacción con los ambientes polares, son refugio de una enorme cantidad de especies que no se encuentran en otros lugares de Chile, como ballenas y delfines. De hecho, en esta zona se encuentra un tercio de la diversidad de mamíferos marinos del planeta. La degradación de los mares del sur de Chile ya ha sido suficiente para que ahora se pretenda generar un daño irreversible en un lugar que no solo es patrimonio chileno, sino de toda la humanidad”.

El inicio de la segunda semana de navegación del Arctic Sunrise pretendía la realización de algunas acciones de alerta respecto de las presiones medioambientales, más allá de la salmonicultura, que está sufriendo la Patagonia.

Por eso el Arctic Sunrise se ubicó frente a Mina Invierno, el yacimiento carbonífero que ahora busca poder hacer uso de explosivos en su producción. La actividad consistió en una fotografía con el barco en que se llama a frenar la idea de las tronaduras.

De manera insólita, y mientras el rompehielos navegaba en las cercanías de Mina Invierno, los empresarios de la Región de Magallanes criticaron la decisión de la Gobernación Marítima de autorizar el recorrido del Arctic Sunrise por la Patagonia. Todo, por las posibles acciones “temerarias” de los activistas de la ONG.

“Los empresarios de Magallanes querían derechamente prohibir la navegación del barco de Greenpeace en aguas que son de libre tránsito. Criticaron duramente nuestra navegación, pero hasta ahora no han dicho nada respecto de los impactos medioambientales que traerá la expansión de la industria salmonera en la región y tampoco sobre la idea de que ahora Mina Invierno utilice explosiones para producir carbón, que no es otra cosa que hacer volar un pedazo de la Patagonia par”, señaló desde la embarcación Estefanía González, coordinadora de campañas de Greenpeace.

Tras pasar por Mina Invierno, el Arctic Sunrise tenía como destino llegar al seno Skyring, pero para ello debía hacer una compleja navegación por el canal Fitz Roy, un estrecho espacio de agua por el que el rompehielos se movió con cautela y la guía de uno bote en la delantera que se dedicó a indicar dirección y velocidad de la compleja corriente en el sector.

Rodeados de un paisaje salvaje y hermoso, Skyring es un ejemplo de cómo las salmoneras pueden acceder a sitios que parecen impenetrables, ya que existen 28 instalaciones de criaderos de salmones en la zona.

En Skyring, Greenpeace desarrolló dos actividades. Una fue la producción fotográfica con un pixelstick, donde se hace un llamado al cuidado de la fauna del lugar, y otra que consistió en cinco activistas que se lanzaron a las frías aguas del seno Skyring junto a una estructura de cuatro metros que asemejaba un pin rojo de ubicación. La idea era recrear la ubicación icónica que simboliza el avance de la salmonicultura en lugares de alto valor medioambiental.

“Decidimos a último momento que debíamos meternos al agua y no perder esta oportunidad única para alertar a los chilenos respecto de lo que está pasando en la Patagonia. Usamos trajes especiales y todos los que ingresamos al agua estamos debidamente entrenados. No tuve miedo y lo haría las veces que fuera necesario con tal de proteger este patrimonio único del país”, explicó Felipe Seguel, activista puntarenense que estuvo varios minutos en las gélidas aguas de Skyring.

En medio de la ruta rumbo a Puerto Natales, y mientras se evaluaba una acción final –que sería la clausura simbólica de una salmonera-, llegó la noticia de que se había frenado la entrega de concesiones salmoneras en la Región de Magallanes, lo que supone que, de manera provisoria, el 81% de las solicitudes que estaban siendo tramitadas en la zona quedan congeladas.

La medida, que responde a un requerimiento hecho por las comunidades kawésqar haciendo uso de la Ley Lafquenche a través del instrumento Espacio Costero Marino Protegido para Pueblos Originarios (ECMPO), supone un duro golpe para la industria del salmón, la que busca extender sus operaciones con 344 solicitudes en las aguas de la Patagonia.

“Estamos felices por esta noticia que lo que hace es dar esperanza de que lo que ha sucedido con los mares en la Región de Los Lagos no se repita en las aguas de la Patagonia. La visita del rompehielos Arctic Sunrise no ha sido en vano, pero el verdadero triunfo de esta batalla es de las comunidades kawésqar que no han descansado para proteger un patrimonio medioambiental inigualable. Son un ejemplo de coraje y perseverancia. Pero estamos claros que se viene un fuerte contraataque por parte de los salmoneros. Es evidentes que intentarán revertir la decisión”, advirtió Estefanía González.

La noticia coincide con el fin de 2.000 kilómetros de navegación por la Patagonia del barco rompehielos Arctic Sunrise que concluyó este fin de semana su navegación en Puerto Natales. Ahí, Greenpeace se sumó a las protestas de vecinos de la ciudad que intentan impedir la construcción de la Planta Procesadora Puerto Dumestre, iniciativa de la empresa salmonera Australis que considera una inversión de 70 millones de dólares y que supondrá un alto impacto medioambiental en la vida cotidiana la ciudad.

¿De qué manera? Por ejemplo, aumentará en unos 350 el movimiento de barcos (con el consiguiente incremento en el peligro de derrames), más de 23.000 metros cúbicos diarios de residuos líquidos industriales y 12.000 litros menos de agua para los natalinos.

Desde Puerto Natales, este lunes el Arctic Sunrise emprenderá rumbo a Estados Unidos.

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