La República

Dentro de una división muy general de la historia de Chile, se denomina República al período que se inició en 1831 después de la etapa llamada “Anarquía”, y que perdura hasta nuestros días.

Después del triunfo de Lircay, que Portales supo encauzar con su genio político, dándole legitimidad con la elección de Joaquín Prieto como presidente de la República y la subsecuente dictación de la Constitución de 1833, se entronizó en Chile lo que el mismo Portales llamó el “estado en forma”, en el cual, según su propia definición, “el Gobierno es una entidad abstracta, un símbolo llamado Presidente de la República, absolutamente separado de la persona que lo ejerce”, idealizado en “el gobierno obedecido, fuerte, respetado y respetable, impersonal, superior a los partidos y a los prestigios personales”.

Este régimen, que recibió el nombre de República Autoritaria, se caracterizó por hacer residir en el presidente de la República la suprema autoridad y dirección de la cosa pública, duró desde la elección de Prieto, en 1831, hasta 1861, año en que fue elegido presidente José Joaquín Pérez y en el que ingresa al Gobierno el Partido Liberal.

La República Liberal, como se ha denominado este período, difiere poco del anterior y solo se distingue de aquél por el color político predominante en el Ejecutivo, lo que significó la pérdida paulatina de los ideales portalianos y la progresiva abdicación de sus facultades por parte de los representantes del Ejecutivo. Este período, dentro de esta división convencional de nuestra historia tiene, igual que el anterior, una duración de treinta años y termina con el triunfo del Congreso contra el presidente Balmaceda, en 1891.

El tercer período, llamado República Parlamentaria, se prolonga hasta el año 1925 y se caracteriza, como lo indica su nombre, por la supremacía del Parlamento sobre el Ejecutivo, en el cual el presidente de la República queda sometido en su actuación a los dictámenes de las mayorías ocasionales que, por combinaciones de diferentes partidos políticos, puedan formarse en el Congreso.

El cuarto y último período, que se ha llamado República Presidencial, constituyó una reacción contra los vicios y excesos del período anterior y en él, el presidente de la República asume nuevamente la administración plena de la nación y es el responsable de la orientación que él desea imprimirle a la marcha del país.

Está de más decir que esta división de los períodos históricos no es tan absoluta como se presenta en este esquema. La evolución histórica es lenta y, salvo casos excepcionales, no se producen saltos; de tal manera que en cada una de las etapas aquí caracterizadas se encuentran los gérmenes del período siguiente los que, naturalmente, influencian y desdibujan la imagen que solo para los efectos de su exposición ha debido ser esquematizada.

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