La Lola

En la región de Antofagasta, en la época de los descubrimientos, fue muy conocida una mujer de rara belleza llamada Lola (Dolores). Para el que no la conocía, su fama misteriosa y vaga era como una mujer de embrujo.

Su padre, llamado Pedro, vivía para cuidar a su hija y distanciarla de sus enamorados. Este hombre era conocido por el apodo de “Vagabundo”, por sus búsquedas de minas en una época, y después por sus viajes por la costa en un barquichuelo de su propiedad.

La hija, vigilada de cerca y de lejos por el padre, sembraba entre los hombres ilusiones y desengaños; y entre las mujeres, envidias y rencores. Hasta que un día un joven es su preferido, pero él veía en ella la figura querida de un amor ausente. Pero llegó la mujer que ocupaba su corazón, y al verse Lola desplazada, despechada, pronto se transformó en la más terrible celosa.

Vivía odiando a la rival, que era una hermosa rubia. Espiaba día y noche a la feliz pareja y se consumía de celos y pasión. Una noche, descalza y silenciosa, llegó a la pieza donde dormía tranquilamente el hombre que la hacía sufrir y hundió profundamente en su corazón un puñal, y huyó a los cerros dando gritos, alaridos.

Al día siguiente, conocido ya el crimen, el padre sale en busca de la hija y el sol, la sed y el silbido del viento terminaron con él. Después de mucho tiempo regresó ella al poblado víctima de la locura, solo sabiendo reír, hasta que murió.

Desde entonces la Lola y su espíritu vengativo recorren los cerros.

La Lola aparece en la inmensidad de la pampa nortina, en la profundidad de las minas y en la cordillera nevada. Se registra en las regiones de Antofagasta, Santiago y O’Higgins. También se habla de “la Mujer de la Nieve”. En Santiago, unos esquiadores crearon la Carrera de la Lola, que se realizaba al término de la temporada de invierno, generalmente el 19 de septiembre en Lagunillas.

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