La laguna de las Tres Pascualas

Como era costumbre en el sur chileno, en el siglo XVIII todas las mujeres pobres de la ciudad iban a lavar la ropa a alguna laguna cercana. El espectáculo en suma resultaba bastante pintoresco, en tanto que todas las mujeres, con prendas de distintos colores, le daban a la friega y el canto durante la jornada.

La mayoría de las mujeres eran lavanderas de profesión, entre las que se contaban las tres Pascualas, quienes, a la hora de la oración (al caer la tarde) volvían a su hogar. Todas caminaban con enormes rumas de ropa lavada sobre la cabeza y conversaban trivialidades que habían ocurrido durante el día.

En una ocasión, llegó hasta el hogar de las tres Pascualas un joven forastero que fue recibido con gusto por el padre. Todos los días, en el crepúsculo, el muchacho se escondía para mirar a las tres Pascualas regresar cantando o charlando, con sus grandes trenzas al aire y riendo. Sin querer, el muchacho se fue enamorando de las tres hermanas y ellas, cada una en secreto y por separado, le correspondieron en sentimientos.

Sin poder elegir con cuál de las tres casarse, la noche de San Juan citó a las Pascualas a medianoche en la laguna. Aún indeciso, el forastero remaba por la laguna y, desesperado por no poder escoger entre las tres, comenzó a repetir: “¡Pascuala! ¡Pascuala! ¡Pascuala!”. Las tres escucharon el llamado de su nombre y se sintieron elegidas, por lo cual comenzaron a entrar en las aguas, donde se ahogaron.

Desde entonces, la laguna adoptó ese nombre y, además, en la madrugada de las noches de San Juan se puede ver un bote con una voz desesperada que llama a sus amadas mujeres.

Laguna de las Tres Pascualas en la actualidad. Zona norte de Concepción (Foto: Osvaldo Martínez)

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