La extracción de carbón en el Golfo de Arauco

La gran actividad carbonífera se inició en Chile a mediados del siglo XIX. Los dos factores que impulsaron el desarrollo de las faenas de extracción fueron la navegación de vapor y las fundiciones de cobre. Su desarrollo industrial comenzó con la introducción de nuevas tecnologías y métodos de extracción en la década de 1850-1860, en las instalaciones de Lota y Coronel, en el golfo de Arauco. Desde aquella época la explotación y uso industrial de carbón mineral experimentó un gran crecimiento, ejerciendo un absoluto predominio en la generación de fuerza motriz (energía de vapor y gas, principalmente).

A ello contribuyó la promulgación de una ley, en 1862, que declaró libre de derechos de exportación las barras y ejes de cobre que hubiesen sido fundidos con carbón chileno al sur de Constitución. Además, en 1864 se fijó un impuesto del 15% a la internación de carbón extranjero, cuya importación era libre hasta entonces. De este modo, se estimuló la producción carbonífera y surgieron varias fundiciones en el golfo de Arauco. Además, las fundiciones instaladas en Concepción también consumían el carbón producido en Lota y Coronel. Hacia finales del siglo, el carbón de Arauco se utilizaba en la mayoría de las actividades productivas: navegación comercial, fábricas, maestranzas, ferrocarriles y fundiciones, como la base energética de la industria nacional.

Los comienzos de la actividad carbonífera fueron rudimentarios, ya que no se empleaba mucha tecnología, se usaba solo fuerza humana, y se perdía una alta cantidad de material. Los primeros empresarios tuvieron que invertir elevadas sumas para responder a las exigencias de una demanda sostenida y creciente.

Durante la segunda mitad del siglo XIX la mayor parte de los túneles y galerías de las faenas de extracción minera se extendieron por debajo del lecho del mar. La extracción de carbón se realizaba a través de pozos verticales llamados “piques”, por los cuales transitaban los obreros. La profundidad de los piques hacía que se produjeran problemas por derrumbes e inundaciones (por filtración de agua de mar), y por la mala calidad del aire que circulaba. Un factor adicional de riesgo era el gas grisú (resultante de la extracción), inflamable, que obligaba a tener una ventilación adecuada, y al uso de lámparas de seguridad contra incendios y de explosivos especiales. Por otro lado, las jornadas de trabajo diario eran, en promedio, de diez horas de Lunes a Sábado. A raíz de estas condiciones laborales, los accidentes y las enfermedades eran recurrentes, sobre todo aquellas de origen bronco pulmonar.

Durante las décadas de 1860 y 1870 las compañías continuaron en propiedad de nacionales, pero en la década siguiente, debido al aumento de la demanda, algunas de ellas incorporaron inversionistas extranjeros, especialmente ingleses. Entre los empresarios del carbón que se destacaron se puede mencionar a Federico Schwager, fundador de la compañía del mismo nombre, y Jorge Rojas Miranda. Entre las compañías, la más importante fue la de los Cousiño, por su permanencia en el tiempo, a pesar de que otras como la compañía Maquehua y la Compañía Arauco (Arauco Railway Company Limited) funcionaron durante la mayor parte de la segunda mitad del siglo XIX. La primera explotaba las minas de Carampangue, Colico y Maquehua, mientras que la segunda, de capitales ingleses y entre los que figuraba como accionista John Thomas North (el “rey del Salitre”), explotaba los yacimientos de Curanilahue y Peumo.

El puerto de Talcahuano era lugar de escala de los vapores que procedían del estrecho de Magallanes o se dirigían a él, en donde los barcos se reaprovisionaban de carbón antes de proseguir el viaje. El carbón no solo se suministraba a estos barcos, sino que también se transportaba a los puertos del norte, desde donde se remitía a las oficinas salitreras o a las minas de cobre, en sustitución de la leña delos bosques septentrionales, que habían sido esquilmados. Otro mercado de consumo lo encontró en la red de ferrocarril, en franca expansión en la segunda mitad del siglo XIX. No obstante, habría que esperar a la década de 1950 para que el carbón de estas minas tuviera en la industria siderúrgica de Huachipato, en la región del Biobío, un mercado local importante.

Estas minas fueron explotadas a partir de 1940 por una empresa mixta impulsada por la Corfo. A raíz de la reordenación general del sector, las empresas propietarias de Lota y Coronel se fusionaron en la Carbonífera Lota-Schwager. Más adelante, en 1970, cuando el intervencionismo era la norma en la economía, la Corfo se convirtió en accionista mayoritario.

En 1973, en un siguiente paso, se creó la Empresa Nacional del Carbón, que asumió la totalidad de la explotación de la cuenca Lota-Coronel-Lebu. Sin embargo, el declive de la producción y las pérdidas económicas aconsejaron el cierre definitivo de las minas en 1997.

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