Guerra de Arauco: Tercer y cuarto alzamiento

En 1626 se produjo el tercer levantamiento indígena. Lo interesante fue que desde 1610 no había habido incursión española, pues la guerra defensiva, propuesta por el sacerdote jesuita Luis de Valdivia, se implementó sin discusión, a pesar de que el gobernador Alonso de Ribera hubiese deseado otra cosa. De hecho, se organizó el parlamento de Paicaví, donde ambos bandos firmaron efímeros acuerdos de paz. A tal punto se habían complicado las cosas que cuando Luis de Valdivia envió una misión a territorio mapuche, no sobrevivió ninguno de los tres religiosos.

El nuevo rey de España, Felipe IV, ordenó de inmediato el término de las prácticas de guerra defensiva y el comienzo de la ofensiva.

Lientur

El mestizo Lientur trabajó de sirviente para los españoles, hasta que en 1627 escapó hacia Imperial. Una vez instalado, incitó a unos cuantos indígenas y fue escogido como toqui para iniciar la guerra. Lo primero que hizo fue impedir el avance de los españoles que intentaban pasar por Imperial. Su objetivo era conquistar la línea del Biobío, derribando los fuertes hispanos. Los mapuches intentaron hacer caer a Nacimiento, pero debieron huir luego de la llegada de refuerzos españoles, no sin antes haber robado bastante armamento.

Combate de Las Cangrejeras

Lientur atacaba y siempre ganaba recompensas: armamento para las tropas indígenas. lo suyo eran las guerrillas, que perturbaban a los españoles, lo cual le permitía ganar tiempo para aumentar su poder. Ocupando esta estrategia, logró reunir unos 800 hombres y los instaló en las cercanías del estero Yumbel, en Las Cangrejeras. Esperó y venció a los españoles, quedándose con 36 prisioneros.

El gobernador de ese entonces, Hernández de Córdoba, se preocupó al darse cuenta que se levantarían en armas otras tribus y organizó una acción de combate. Lientur se trasladó a Chillán con un ejército completamente preparado: todos a caballo, más un grupo de infantería. En esa ciudad obtuvieron, incluso un botín y, no contentándose con eso, repitieron un nuevo ataque. El siguiente paso fue la destrucción de las bases españolas al sur del Biobío. Lientur convocó a los toquis Butapichón y Quempuante, gracias a lo cual lograron reunir un ejército de 7.000 mapuches. El primer blanco sería el fuerte de Arauco y a continuación vendrían Yumbel y Chillán.

Era el año 1631 y Francisco Lazo de la Vega era gobernador de Chile. Al enterarse de la conspiración, reunió a un total de 800 soldados, más otros 700 indígenas aliados.

Era el comienzo de la batalla de Albarrada. El 12 de enero de 1631, los guerreros mapuches llegaron hasta el fuerte de Arauco, pero una discusión entre toquis hizo que Lientur se retirara con sus 2.000 soldados. Butapichón y Quempuante se detuvieron a reorganizar sus fuerzas, momento que aprovecharon Lazo de la Vega y su gente. Una línea de caballería, otra de infantería y otra de artillería españolas obligaron a retroceder a los mapuches hasta un sitio pantanoso llamado Albarrada. La victoria, esta vez, fue para los conquistadores.

Después de esta batalla, hubo un tiempo de tranquilidad, coronado con la firma de un tratado de paz (enero de 1641, Quillén). En este acuerdo se estipuló que los mapuches mantendrían su independencia territorial, dejarían la esclavitud y recibirían misiones religiosas. Además, tanto ellos como los españoles, defenderían sus terrenos contra cualquier incursión extranjera.

Cuarto levantamiento

A pesar del trata de paz de Quillén, los españoles siguieron realizando incursiones en territorio mapuche y los indígenas debieron soportarlos hasta la llegada del mestizo Alejo. Cansado de tanta expedición, logró revertir el desánimo de los mapuches, organizándolos para un nuevo ataque.

El fuerte de Nacimiento y el de Buena Esperanza fueron destruidos por los ataque de Alejo y sus guerreros. Luego le tocó el turno al de Arauco, pero ahí este pudo ser mejor defendido por los españoles. Finalmente, el mestizo quiso seguir hacia Concepción, pero se enteró del poder de la guarnición y optó por dirigir sus ataques contra algunos poblados y haciendas.

En 1660, murió el mestizo Alejo, asesinado por un grupo de mujeres, se cree, impulsadas por españoles. Su fama radicó en la forma que tenía de atacar siempre a los poblados españoles más desprotegidos, lo que redundó en acusaciones contra el gobernador Antonio de Acuña y Cabrera.

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