El Piuchén (o Piguchén o Pihuychén)

Serpiente alada y maléfica que le succiona la sangre (desde lejos) al ganado o, incluso, a los humanos. Su nombre proviene del mapudungun y significa “secar a la gente”, que es como denominan a los murciélagos los mapuches.

Uno de los seres que pueblan los mitos de la zona central es el Piuchén. Se trata de una culebra de no más de medio metro de longitud, de color negro o verde y alada, que se alimenta de la sangre de las ovejas (o de los cristianos), con la particularidad de que la extrae a distancia.

Se la puede reconocer en algún lugar por la manchas de sangre que deja cuando avanza, orina o defeca. Una manera de mantenerlo a distancia (y que, según dicen, se ocupa en el sector de Lo Macul) es que a cada rebaño de ovejas lo acompañan seis o más cabros, puesto que la sangre de ellos es muy fuerte y ahuyenta a estas serpientes aladas.

Normalmente, vive en sectores cordilleranos, algo que no le impide desplazase volando hasta Santiago u otras zonas, con tal de conseguir alimento. Durante el día duerme en los huecos de los árboles viejos, los que delatan su presencia por la sangre que regurgita. Es extremadamente venenoso, al punto que si cualquier humano lo toca, muere de inmediato. La única manera de matarlo consiste en cubrir el árbol donde se esconde con una malla resistente para que no huya y enseguida prenderle fuego. Si solamente se le quiere repeler, para que no pueda hacerle daño al ganado, es necesario conseguir un cuerno de buey y hacerlo sonar repetidamente hasta que lo escuche, pues su sonido hondo lo asusta y buscará otro lugar donde realizar sus fechorías.

Lo bueno es que no ataca a los humanos, salvo en las ocasiones en que nota que lo están persiguiendo para darle muerte. En este caso, es mejor no insistir, sino más bien intentar que simplemente se retire del lugar, pues puede ser muy peligroso.

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