Carlos Cabezas en La Época (06/06/1997)

Parecía una broma, hubo sucesivos aplazamientos y, por ellos, cundió la ansiedad entre quienes esperaban este disco. Pero, finalmente, El Resplandor está a punto de ver la luz, y su responsable, Carlos Cabezas, de superar un ostracismo de casi diez años. No parece un rockstar, Cabezas. Ni por aspecto ni por sus ademanes. Sin embargo, es una de las figuras más relevantes de la música nacional.

Su categoría de músico de culto la cimentó la década pasada junto a una banda llamada Electrodomésticos, un legendario trío que se adelantó varios años en materias de rock. Su legado ha sido tan perdurable, que hoy muchos creen que éste será el tercer disco de la agrupación.

-Parece que ésta sí es la vencida

-“Sí. Hay dos fechas distintas. La primera es el día en que el disco sale a las disquerías, que es el 9 de junio. Por otra parte, con el sello estamos organizando el lanzamiento del material, que sería el 23 de junio, probablemente en el Tap Room. Debería ser la vencida, ya que el disco está listo hace rato”.

-Estas postergaciones han provocado una expectativa importante en torno al disco. ¿Ha sentido la presión del medio por su trabajo?

-“En general, sí. Tú ves que hay gente bien intencionada que tiene real interés en el disco. Lo que incomoda es ver que, a pesar de que está bien y el final del proceso cercano, era retrasado sucesivamente en las fechas de salida. Piensa que del disco comenzó a hablarse hace un año y medio, cuando empecé a grabarlo. Pero esta incomodidad fue hasta cierto punto. De ahí en adelante confié en que el material iba a justificar todo este tiempo de preparación”.

-También está la espera de los incondicionales de Electrodomésticos, que no son pocos.

-“Eso te pone en una situación un poco cliché, por si vas a salir con algo que deje contenta a toda la gente. Uno nunca va a dejar contento a todo el mundo. Me he dado cuenta de que hay personas que esperan que salga con algo como The Art of Noise, gente que se quedó pegada hace seis años. Claro, si te dicen algo así, es porque detuvieron el tiempo cuando se acabaron los Electro, y lo que yo debería hacer ahora es una continuación de ese tiempo. Ahí tú sabes que nunca le vas a dar en el gusto a toda la gente. Nunca he funcionado en esos términos. Es suficiente quedar contento con lo que uno hace, lo que no es fácil”.

-¿Pero nunca lo persiguió el fantasma de Electrodomésticos?

-“Yo estaba súper involucrado en el sonido de los Electro, también. Pero este proyecto es distinto, uno tiene que ser coherente con lo que hace. Cuando estaba a punto de entrar al estudio, me di cuenta de que no estaba cómodo con el material. Entonces hice lo que hacía antes: me fui solo a Tongoy con los instrumentos y de esa forma llegué con ocho canciones listas para grabar”.

-En este país, Carlos Cabezas es sinónimo de vanguardia. ¿Tiene asumida esa definición?

-“Sí. Este es un país de ciegos donde los tuertos son reyes. Entiendo la necesidad de clasificar la información para poder transmitirla. Sé que todas estas clasificaciones le hacen muy poca justicia a los distintos tipos de música. Todo esto del modernismo y el vanguardismo que nos achacaron a los Electro nunca fue algo con lo que nos sintiéramos muy cómodos. Cuando te cuelgan estas capas tan bonitas, lo único que hacen es aportillarte”.

-¿Cuál es el estilo de El Resplandor?

-“El disco tiene una línea bastante más rockera que lo hecho anteriormente. hay bastante trabajo de guitarras y de voces, aunque sigo usando teclados como de la época más ingenua, con líneas melódicas más que efectos. Los efectos son un poco más orgánicos. Ahora, cómo definir esa cruza, no sé. Tiene que ver con rock, también con algo industrial. Pero lo que traté de hacer fue algo muy energético. Me da lata todo lo que se ha ablandado la música”.

-¿Existió algún criterio musical que el sello trató de imponer?

-“No. A veces se preocupo porque no se escuchaba mucho la voz, lo que cantaba. Pero no va a pedirme a mí que haga otro tipo de producto más comercial. Yo pedí la opinión del sello, pero ellos jamás me objetaron nada. Creo que nadie podría decir que es un disco en que se note la mano de la casa discográfica”.

-¿Cómo fue el acercamiento con ellos?

-“Creo que el sello se embarcó a través de los discos que yo había producido: Santos Dumont, Pánico, Machuca. De a poco se fue armando esta idea de que sacara un disco. Creo que los sellos hacen cosas netamente para vender y hay otras que hacen porque amplían el catálogo. No sé si tienen expectativas conmigo y crean que voy a vender masivamente. Eso sí, tengo la sensación de que a medida que fueron viendo cómo iba quedando el disco subieron sus expectativas”.

-¿Cuáles fueron las causas de la disolución de Electrodomésticos?

-“Nos fuimos alejando en forma natural. La última vez que quisimos tocar, a mí no me dio el cuero para hacerlo. Era realmente un esfuerzo montar todo el cuento”.

-¿Eso explica también las pocas veces que tocaron en vivo?

-“A pesar de que siempre nos fue bien en las tocatas, era muy agotador mantener esa puesta en escena. Pero nunca hubo conflicto de ningún tipo, hasta el final lo pasábamos muy bien. Era un trabajo de banda. Había canciones que yo había comenzado, pero el grupo terminaba de hacerlas”.

-La música de Electrodomésticos tenía una carga bastante intelectual. Con este disco, ¿quiso alejarse un poco de esa conceptualización?

-“Quise recuperar el lado más ingenuo, con menos cabeza. No tratando de construir algo a partir de cuestiones formales, sino que buscando algo más primario, más íntimo. En Santiago todo es frívolo y rápido, todo se arregla por arriba, dejándolo ordenadito. Lo de ir a Tongoy era justamente para evitar eso, era sacar lo esencial de uno. Si lo lograba, el resultado iba a tener relación con los Electro y con lo que soy ahora. No iba a pelearse con nadie, sino que iba a ser coherente, de verdad. Entre las presiones de lo que se suponía que debía hacer, entre las máquinas y lo que esperaba la gente, iba a terminar haciendo cualquier huevá rara”.

-¿La heterogénea elección de los miembros de la banda apunta a eso, a la frescura? (la formó con integrantes de otros conjuntos para grabar y lanzar el álbum)

-“A mí me gusta cuando me invitan a tocar a otra banda, porque lo disfrutas a concho. No hay responsabilidad ni nada. Creo que es bueno disfrutar de la música, no es pecado pasarlo bien tocando. En la esencia está eso: la patota, el grupo de amigos. De ahí sale una energía que es de verdad. Yo quería sacar la buena onda de las personas con la música, eso de juntarse y trabajar, sacar los temas juntos y pasarlo bien. Eso le da la mística al asunto y se nota en el sonido. La canción que da nombre al disco es un tema de guitarras, muy simple. La gente no espera que yo haga canciones. Incluso te dicen: “¿Qué raro, cantando corazones?” A mí, por el contrario, me encanta ir a meterme donde nadie espera. ¿Canciones? Hagamos canciones”.

-Pasar diez años sin grabar no es usual. ¿Es muy absorbente la labor de productor?

-“Cuando estaba en esa labor, sentía que era una etapa muy receptiva. Estaba bien lo que pasaba en esos términos. Se aprende bastante en los grupos. La producción musical es algo que me interesa seguir haciendo”.

-Los temas del repertorio de Electrodomésticos que están incluidos en El Resplandor, ¿no corrieron riesgo de estar envejecidos al momento de tocarlos?

-“No. Pensé que me iban a provocar una sensación extraña, pero lo que me llamó la atención es que tanto “Endoncia” como “Alegarikous”, pese a los diez años, se sostuvieron bien ahora. Pensé que no me iban a gustar y los iba a desechar. En “Alegarikous” pensé que la letra había que cambiarla, traducirla al castellano (ríe). Me llamó la atención lo sueltos que éramos en esa época, al escribir lo primero que se nos viniera a la cabeza. Ahora, jamás había hecho algo así. Es la madurez que le llaman. Bastante terrible en todo caso”.

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