Arquitectura defensiva en la Colonia

Durante los siglos XVI y XVII, la defensa de la costa del Pacífico no implicó un aparato defensivo como el que se desplegó en el mar Caribe durante ese tiempo. Aquí en Chile, el riesgo de ataques marítimos de las potencias europeas de la monarquía española, o de desembarcos piratas, era menor por razones obvias: los asaltos de las ciudades y los puertos de la costa occidental oligaban a los posibles atacantes a emprender una ruta difícil, alejada de sus bases de aprovisionamiento, y el botín no era tan atractivo. Por esta razón, la costa chilena permaneció prácticamente sin fortificar durante mucho tiempo.

La estrategia defensiva de las ciudades portuarias de la costa del Pacífico no se emprendió con rigor hasta el siglo XVIII. El virrey Manuel de Amat y Junyent fue el más decidido impulsor del sistema defensivo de ese litoral.

En la costa chilena, destacó la fortificación de Valparaíso, el principal puerto del territorio. Las viejas fortificaciones seiscentistas eran insuficientes para defender la ciudad y el virrey Amat contrató al ingeniero José Antonio Bird, que viajó a Chile desde Panamá en 1762. Bajo su supervisión se repararon las dos fortalezas ya existentes en Valparaíso, el castillo Viejo y el de San José, y se construyó desde cero la planta del castillo de la Concepción.

También Valdivia fue fortificada teniendo en cuenta tanto el peligro marítimo como el que podía provenir del interior, debido a las constantes sublevaciones indígenas. En el siglo XVII se levantaron los fuertes del Corral y del Surgidero; en el siglo XVIII, el virrey Amat ordenó fortificar la isla de Mancera, a la que había mandado trasladar el presidio. Fue determinante la llegada a Valdivia del ingeniero Juan Garland, que introdujo criterios defensivos modernos de acuerdo a los cuales se modificaron los bastiones de los antiguos fuertes.

Las ciudades fronterizas

Resulta especialmente interesante la aparición, en zonas recién repobladas, de ciudades fronterizas fortificadas con planteamientos estratégicos similares a los que dieron lugar en Europa durante la baja Edad Media a la aparición de las bastidas francesas y a las ciudades amuralladas del reino de Valencia en España; o, ya en el enacimiento, a la ciudad de Palmanova en la frontera veneciana. Sirva de ejemplo de ciudad fronteriza chilena Nacimiento, rodeada de un peímetro de murallas, con calles radiales y ciudadela. En otras ocasiones no se trataba de ciudades sino de pequeños fuertes, en los que descansaba la defensa interior.

Finalmente, hay que mencionar las fortificaciones erigidas para asegurar el control del estrecho de Magallanes, como el fuerte de San Carlos de Tecque en la isla de Chiloé.

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